En ocasiones, quiero que todo en mi vida se solucione a golpe de barita mágica. Cuando en realidad, aún no termino de comprender que las transiciones son tan importantes como los cambios reales. Los momentos de incertidumbre remueven cuerpo, alma y corazón. Son en estos ratos que debemos mantener la calma, no realizar grandes locuras, trabajar en nuestra propia virtud.
Respetar los tiempos del destino es una tarea titánica para los simples mortales. Cada vez me siento más como Hércules en busca de la gloria y del reconocimiento. Quien diga que Disney es para los niños no tiene noción de la profundidad de las películas. Hércules se transformó en su mejor versión: trabajó duro en su físico, en sus habilidades como héroe, aprendió a tener más paciencia, a respetar los tiempos de sus adversarios y a esperar por el momento adecuado...
Sin embargo, para ser un héroe verdadero le faltaba algo crucial... mirar dento de su corazón, para así encontrar su verdadera fuerza. La fuerza del corazón es nuestro bien más valioso, y por ello, es un don que se va construyendo poco a poco. Hay personas que ya nacen con un corazón bondadoso. Esta es su mayor virtud pero al mismo tiempo su maldición, porque quien no valora el valor de un corazón, puede acabar por hacerlo pedazos. Otras personas lo congelan como acto auto protector, ya sea por un trauma previo o por miedo a sentir en demasía. Otros lo llevan de manera descontrolada por la vida, dejándolo como un caballo desbocado sin sentido ni rumbo. Y luego está Hércules, un semidiós que decidió seguir su destino sin prisa, respetando cada proceso, con la certeza de saber que estaba a ir por el camino correcto, con determinación y valentía.
A pesar del miedo, de la incertidumbre o del peso del pasado, nuestro corazón fue creado para seguir un destino, que ya está trazado... solo necesitamos de fuerza, curiosidad y tesón para saber qué nos depara este mundo, que es lo que podemos llegar a dar para convertirnos en dioses de nuestras propias vidas.
En este preciso instante, yo soy el joven Hércules en el campo de entrenamiento. Una simple muchacha de piernas finas pero con determinación inquebrantable. Puede que esta tarea conlleve mucho esfuerzo, algún que otro sufrimiento o decepción. Pero hay algo que ha despertado por dentro: mi alma ha vuelto a reír muy alto, ha vuelto a emocionarse, a tener esperanza en el futuro. He vuelto a encontrar inspiración por el mundo, he recuperado la curiosidad y mi corazón le acompaña con cada latido. Lo tuve anestesiado durante mucho tiempo, y ahora es el momento de revivirlo paso a paso, sin prisa ni presión. Tarea a tarea, como el joven Hércules. Llegó el momento de encontrar mi propio destino...
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